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lunes, 9 de junio de 2014

Planetas y Lunas habitables, Por : Marcos Hostos

La habitabilidad planetaria, es la capacidad que tiene un cuerpo que gira alrededor de una estrella u otro planeta para albergar vida. La principal e indispensable condición para esto suceda es que posea una fuente de calor estelar, una estrella que cumpla con ciertos parámetros.

La Zona de habitabilidad (lugar que reúne las condiciones para que la vida florezca) de un sistema planetario en nuestra Galaxia está definida por las tipologías del único sistema solar que cada vez más conocemos, el nuestro, la configuración o conformación de nuestro sistema solar incluyendo el comportamiento de nuestra estrella principal el Sol marcan la pauta para desarrollar las diferentes teorías sobre que debemos buscar en los planetas y sus lunas que giran alrededor de estrellas con sistemas planetarios y sus capacidades de tener vida multicelular.

Estos cuerpos planetarios deben cumplir con algunos parámetros que tocan los campos de la astrofísica, geofísica y geoquímica.
Lógicamente nuestro planeta y su exuberante desarrollo de vida forma el patrón que nos guía en la búsqueda de planetas extrasolares con capacidad de albergarla.

Pero, al mismo tiempo esto nos limita y en cierto modo nos prejuicia al establecer que la única formas de vida son como las terrestres, limitándonos y hasta incapacitandonos en la posibilidad de que la vida quizás tomó en el Universo varios caminos algunos impensables por lo desigual a la vida que nosotros conocemos.

La zona de habitabilidad en nuestro sistema solar está definida por la relación – distancia entre la fuente de calor (el Sol) y un planeta que pueda retener agua líquida.

El hecho de que un planeta mantenga el agua en forma líquida lo hace candidato a poseer vida o por lo menos tener las condiciones para ella, según la única vida que conocemos, la terrestre ya que no conocemos vida extraterrestre.

Por lo tanto la zona de habitabilidad nuestra, está entre Marte y Venus aproximadamente, sin descartar algunos satélites naturales alrededor de los planetas gaseosos de nuestro sistema solar.

El incremento de la exploración de nuestro sistema planetario desde hace décadas con sondas robóticas hasta la actualidad nos ha dado una serie de descubrimientos que han enriquecido a la ciencias planetarias entre otras la exobiología y si sumamos a esto los prometedores descubrimientos de numerosos planetas girando alrededor de estrellas desde la última década del siglo XX, seguramente el futuro cercano nos traerá descubrimientos asombrosos sobre la vida extraterrestre.

Para definir los lugares en nuestra Galaxia en donde la vida podría surgir habremos de tomar en cuenta el tipo de estrella. Los planetas son más numerosos que las estrellas por lo tanto en estrellas similares a la nuestra se incrementan la posibilidad de ser actas para el hábitat.

El tipo espectral de una estrella refleja la temperatura de su fotósfera, para las estrellas de la secuencia principal está relacionada, masa – luminosidad se cumple. Las estrellas ubicadas en la escala “F bajo” con temperaturas de más de 7000 K y las tipo “K mediano” con más de 4000 K son las estrellas con mayor posibilidades de sustentar planetas habitables como el nuestro. Nuestro Sol está en medio de esta escala al ser una estrella “tipo G2”.

Estas estrellas viven miles de millones de años, el tiempo suficiente para permitir que la vida se asiente y evoluciones. Nuestro Sol tiene 5000 millones de años y se espera que dure otros 5000 millones más hasta llegar al fin de sus días.

Las estrella “O, B, A” son muchísimo más luminosas, quemas su combustible mucho más rápido, por ello su período de vida es mucho menor, por esto quizás no dan la oportunidad a la vida de establecerse.

Las estrellas candidatas (tipo F. G, K) emiten la radiación ultravioleta que permite la activación de los fenómenos atmosféricos, pero, no en cantidades lo suficiente como para destruir la vida incipiente.

Permiten la presencia de agua líquida en los planetas a una distancia lo suficiente para que no se produzcan efectos de marea en su corteza.
Estas estrellas mantienen una temperatura acorde y estable durante muchísimo tiempo, ni muy frías ni muy calientes, dando la oportunidad a la vida de surgir en forma estable.

Las zonas de habitabilidad varían con el tiempo, todas las estrellas al envejecer aumentan su brillo y por ello la “ZH” se desplaza hacia el exterior, este desplazamiento debe ser lo suficientemente lento para que permita mantener la vida y su evolución. Las estrellas supermasivas tienen un comportamiento violento y acelerado que no permite la adaptación para desarrollar vida por lo breve de su evolución estelar.

Tenemos el caso de las estrellas variables que posiblemente son malas candidatas para la vida, sus cambios de luminosidad y energía proporcionan un baño repentino de rayos gamma y rayos X sobre sus planetas esterilizándolos en cierta forma y barriendo todo vestigio de atmósfera protectora que puedan tener.

El Sol tiene una variación de apenas el 1% en su ciclo de 11 años, lo que la convierte en una estrella estable, que quizás a largo tiempo pueda tener variables que afecten nuestro planeta, en un período conocido como “La pequeña era Glacial” el clima de la Tierra se enfrío por un largo lapso, desde el año 1550 hasta 1850, curiosamente el Sol se mantuvo con muy poca actividad.

¿Qué características se busca para considerar un planeta habitable? En primer lugar que sea rocoso, con alta metalicidad, Las estrellas están formadas de grandes cantidades de hidrógeno y helio, pero tienen también en una proporción menor metales. Los planetas formados de nubes estelares con alta metalicidad producto de estrellas de segunda o tercera generación que enriquecen el disco de formación estelar.

Este enriquecimiento metálico produce planetas con mayor masa y densidad, capaces de mantener atmósferas gruesas que protejan la vida.

Los planetas deben tener actividad geológica, vulcanismo que distribuya la bioquímica orgánica básica. Actividad de placas tectónicas que permita la mescla de los elementos químicos, un núcleo de hierro fundido que permita formar un campo magnético y mantenga un calor interno que no sea geológicamente muerto, que su período de rotación sea corto entre otras cosas.

Los planetas muy pequeños tienen poca masa y baja gravedad lo que lo hace poco probables de albergar vida ya que no tienen la capacidad de retener una atmósfera densa, retienen por poco tiempo el calor de su formación y por lo tanto son geológicamente muertos.

Los planetas tipo Júpiter, no tienen superficie, su campo gravitatorio es muy fuerte y sufren de temperaturas extremas. Puede que en las zonas altas de su atmósfera algún tipo de vida pueda prosperar.

Actualmente el modelo de sistemas solares como el nuestro en donde los primeros puestos los tienen los planetas rocosos y los más alejados los gaseosos ha sido perturbado por el descubrimiento de planetas gaseosos gigantes tan cercanos a su estrella como Mercurio a nuestro Sol, otros con órbitas supuestamente tan excéntricas como las tienen los cometas, el problema es que hasta el momento todos los exoplanetas han sido descubiertos en forma indirecta, por las perturbaciones gravitacionales que ellos hacen a la masa de su estrella y este bamboleo de la estrella seguramente produce datos erróneos que nos lleva a este tipo de conclusiones, falta mejorar la tecnología que permita afinar los datos, seguramente pronto tendremos una visión más acertada de cómo son nuestros vecinos y si podremos mudarnos a ellos.



Marcos Tulio Hostos
marcoshostos@astroven.com

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